Adiós, Pepe

A veces te girabas y Pepe estaba allí, un gigante bonachón al que le habías dicho que se quedara cinco minutos sentado, que ahora venías. Para él cinco minutos eran media vida, sobre todo si había trabajo esperando.
Pepe siempre tenía cosas que hacer. No entendía cómo toda aquella gente podía estar tan tranquila viendo la tele o pintando con la faena que había y lo tarde que era ya. Siempre había cosas que hacer y siempre era tarde. Sin duda es un buen lema para la vida.
A veces Pepe se palpaba los bolsillos buscando el tabaco o el mechero. Se conformaba cuando le decíamos que lo tenía en la mesita, que ahora se lo traíamos.
A veces Pepe preguntaba por Jacinta, su mujer, o por sus hijos. De alguna manera, los quería tener siempre cerca o, al menos, saber que estaban bien.
Será difícil acostumbrarse a su marcha, no encontrarlo ahí, apoyado en recepción, pasando la vida.
Pepe ha dejado un hueco importante en la residencia y otro en cada uno de nuestros corazones.

(José Escobar nos dejó la madrugada del 19 de diciembre de 2016. DEP)

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